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En Sumario de tarde: del reconocimiento de Palestina a Otegi y un asesinato de ETA en 1980

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Sánchez: «España está preparada para reconocer el Estado palestino»; Bildu ganaría las elecciones vascas con una ligera ventaja sobre el PNV, según el CIS; la Guardia Civil descubre que Otegi dio información a ETA para matar a un empresario; y un hombre mata presuntamente a su mujer e hijos y luego se suicida en El Prat de Llobregat.

Todo esto se lo contamos en una nueva edición de Sumario de tarde, el podcast diario de THE OBJECTIVE.

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La prosa sin domesticar de Ariana Harwicz

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La escritura de Ariana Harwicz se asemeja a un potro salvaje, no hay camino o rienda que puedan doblegarla, se alza como una voz autónoma recién inventada para la ocasión que nace invadida por la rabia y una vitalidad que el resto entendemos como bestial. El mundo pasa a una velocidad de vértigo y, sin embargo, el lector asiduo de Harwicz comprobará que su prosa sigue sin domesticar en la última entrega, Perder el juicio (Anagrama, 2024), novela en la que seguimos las desventuras de una madre sin la custodia que secuestra a sus dos hijos después de incendiar el piso del exmarido. La escritora argentina afincada en la campiña francesa siempre ha elegido personajes en los límites, desde personas con trastornos mentales severos hasta pervertidos sexuales. Aquí el inicio de la narración nos puede remitir a Juana Ribas y otros casos de madres que cruzan la línea del delito. Y es que esa es la tesis con la que trabaja Harwicz, que todos estamos a un volantazo o mal giro de convertirnos en criminales.

Amor y violencia vicaria son sinónimos en la dura trama, sin matices; vivir día a día como madre es una lucha de expectativas propias y ajenas; la pasión está a un paso de la asfixia. Con todos estos elementos construye Harwicz algo parecido a una road movie, en la que sigue predominando el lenguaje propio que inventa pero que podemos verlo aplicado a una trama con mucha más acción que las novelas contenidas en Trilogía de la pasión (Anagrama, 2022), saga con la que se dio a conocer en nuestro idioma y en inglés, repleta también de mujeres cuyo deseo era pura destrucción.

Acudió a Barcelona para presentar su libro en la librería Lata Peinada y pudimos hablar un rato antes. Le pregunté si la idea de la novela nació mirando algún caso por la televisión, pero sin embargo la inspiración provino de la experiencia propia: «La idea nació de haber conocido empíricamente un largo juicio, una especie de intromisión en una vida judicial, que, como cualquiera puede saber si lo vivió, es como entrar en una secta, en un submundo, como una tribu, entras en otra lógica, incluso lingüística, de discurso. Al yo vivir una experiencia judicial en Francia como extranjera, y el personaje de la novela es extranjero, conocí los tribunales por dentro, las apelaciones, el léxico de los abogados. Así nació esta historia de guerra de un matrimonio».

Por supuesto resulta interesante saber cómo construye ese nuevo lenguaje a partir de la experiencia judicial: «A partir del lenguaje impostado de la justicia surge inventar la lengua de la novela. Fue difícil de escribir porque fue difícil no tomar partido por uno de los personajes, no caer en esta demagogia que detesto. Lo escribí como diálogo y después lo adapté a la forma que tiene de prosa. Lo más difícil fue no tomar partido y dejar a los dos personajes ir derribando cada vez sus límites morales. Para eso era necesario una lengua que saliera de los radares de lo convencional».

Añade sobre la moral convencional: «No es una novela muerta porque salta el cerco de las zonas domesticadas e indaga en zonas amorales. Fíjate en las cosas que le dicen: ella le agradece ser violada porque le ha permitido tener hijos, los dos hablan de deshacerse de los hijos y después dicen que es lo que más aman, están todo el tiempo yendo más allá de lo que la moral les propone, eso tiene que ver con la lengua».

La autora argentina actualmente vive en Francia, donde tuvo problemas con la justicia que inspiraron la novela. | Bénédicte Roscot

Escribir sin miedo

La cultura de la cancelación es otro gran tema contra el que ha escrito Harwicz. A continuación un modo externo y otro interno de hacerle frente: «El año pasado saqué un libro que me gusta mucho como quedó que se llama El ruido de una época. Es un libro que con aforismos y tweets trata nuestra época, como todos estamos amenazados de cancelación, de muerte social, y está novela no está por esa obsesión, se sitúa al borde del ruido de la época. Me preocupa convertirme en un soldado de mi época, de la manera más respetuosa posible trato de decir siempre lo que pienso, aún en territorios enemigos y hostiles».

Hace años Harwicz me dijo en una entrevista que para escribir hay que ser un paria, algo que ratifica años más tarde: «Para escribir lo más interesante es estar en una posición como ha estado Thomas Bernhard respecto a su país, Austria, como ha estado Kafka respecto a su lengua. Estar en una condición de desclasado, de paria, de algún modo marginal, para poder mirar las cosas sin miedo. Una mirada criminal, que se posicione por fuera de la barrera de la moral, ese estar fuera del juego es necesario para mi».

La maternidad es un tema literariamente en auge, sin embargo la madre que presenta en la novela no es ni divertida ni un modelo a seguir: «A ratos parece como si la palabra madre le fuera extranjera. Pareciera que ella busca una supramaternidad como si fuera algo a llegar, un ideal de llegar a ser lo que se es, es un poco lo que pasa en la vida, lo que pasa es que es un tabú. Te dicen sos madre pero puede haber un desfase entre la biología y los tiempos sociales. Esa mujer lucha por ser madre y la sociedad le hace creer que no está capacitada. Todas las identidades están puestas en un orden de falsedad, como si nadie pudiera cumplir el rol que debe cumplir».

Finalmente, a raíz del secuestro en su novela ambos comentamos que estos días se habla de violencia vicaria en los telediarios: «Hablar de la violencia vicaria explotó. Antes estaba más escondida, eran casos de familias borderline, y ahora toca casos de familias pretendidamente normales, con dinero, con buenas posiciones sociales, profesionales. Por ahí ves las fotos en redes vacacionando y tres días después los matan. Hablar de ello es un modo de iluminar la violencia de las relaciones parentales en nuestra sociedad, algo pasa, es un síntoma».

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Perder el juicio
Ariana Harwicz
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La realidad de la violencia vicaria: las mujeres matan a sus hijos tanto como los hombres

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En España se han cometido 18 filicidios en lo que va de año, pero no hay rastro oficial porque el Gobierno sólo contabiliza siete. Once niños no han sido asesinados para la Delegación contra la Violencia de Género, que sólo contempla los filicidios cuando es el padre quien asesina a un hijo. Sin embargo, la realidad de la llamada «violencia vicaria» es mucho más compleja.

Este es un concepto inventado por la psicóloga argentina Sonia Vaccaro y asumido acríticamente por el Ministerio de Igualdad durante el mandato de Irene Montero. Los expertos no lo comparten por ser unidireccional (del padre a la madre), acientífico (reduce todos los casos a una única causa) y porque quita el foco de la verdadera víctima, el niño, para ponerlo sobre la mujer. Las madres, sin embargo, han perpetrado al menos siete de los filicidios cometidos en España en lo que va de año, según el recuento de la especialista Ana Sharife. Y otros cuatro casos están aún por esclarecer.

El Ministerio de Igualdad sólo contabiliza siete de los 18 filicidios cometidos en 2024.

El último filicidio de una madre se dio en Valencia de Don Juan (León) el 28 de mayo, día en el que una mujer joven de 18 años fue detenida después de que la Policía encontrara a su bebé muerto en el interior de un armario. Este habría nacido el día anterior, pero la joven trató de desprenderse de él: acudió a un centro sanitario debido a que sufría una fuerte hemorragia y el médico que la atendió la vinculó con un parto, que la joven negó, por lo que él avisó a los agentes. La muchacha ya ha ingresado en prisión, pero el bebé asesinado no figura en la estadística oficial de Igualdad.

Del mismo modo, hay más casos que no figuran en el relato oficial. Entre ellos, el de la madre que asfixió a su bebé de ocho meses en Zaragoza el pasado 25 de febrero o el de la mujer que degolló tras nacer a su hijo en Gandía (Valencia). Los padres de la joven de 22 años no estaban al tanto del embarazo, y se encontraron el cuerpo sin vida del neonato dentro de una bolsa de basura.

Todos estos episodios han sido recopilados por la periodista Ana Sharife, que ha tenido que hacer la labor que no hacen las administraciones, recorriendo periódicos de tirada nacional y local en busca de filicidios. Por su experiencia de años investigando estos casos, Sharife sostiene que «al menos en un 70%» de los filicidios la madre es la asesina. También alerta de cómo «las cifras se disparan en los últimos años», lo que evidencia un mal diagnóstico de este tipo de violencia.

El filicidio materno

La criminóloga Beatriz de Vicente recuerda, en este sentido, que «aunque en los últimos tiempos estamos igualados, históricamente el filicidio es cometido más por la madre que por el padre. Todas las investigaciones apuntan a ello». La experta se remite al Informe sobre el homicidio publicado por el Ministerio del Interior en 2018, que resalta (páginas 46-47) que «las mujeres matan mucho más que los hombres en el ámbito del hogar, a miembros de la familia. De hecho, la mayoría de víctimas (86,7%) de edad inferior a 18 años fueron asesinadas por mujeres».

De Vicente complementa estos datos puntualizando que «las mujeres copan prácticamente la totalidad de los neonaticidios (asesinatos del bebé en las 24 horas posteriores al parto), pero a partir de los dos años es más probable que el victimario sea el padre». Uno de los motivos es que «el bebé es un ser dependiente de la madre, sin ella no vive, y a quien más puede molestar es a ella».

«La violencia vicaria no tiene sexo: es matar a alguien querido por la otra parte con la única intención de herirla; es utilizar a una víctima instrumental, y una víctima instrumental puede ser también una abuela, una madre o una mascota», zanja Beatriz de Vicente, que aboga por emplear el término «filicidio por venganza».

La experta en violencia de género Elena del Pilar Ramallo, por otro lado, diferencia entre violencia por extensión, que «se produce por parte de cualquiera de los progenitores y es un maltrato específico cuyo instrumento de tormento y daño son los hijos», y violencia vicaria, que sería «la instrumentalización y maltrato sobre los hijos como un daño a sumar sobre la violencia global que ya está siendo ejercida sobre las madres». Es decir, esta última se entendería como una violencia derivada de la otra. La investigadora feminista defiende la tesis de que no siempre la violencia vicaria se puede estudiar dentro del contexto de la violencia de género.

Una lacra que crece

En total, 18 menores han perdido la vida a manos de sus progenitores por violencia intrafamiliar en lo que va de año, una cifra alarmantemente elevada y que no recibe la atención que, por ejemplo, sí se destina a la llamada violencia de género, a pesar de que cuantitativamente es menor: doce mujeres han sido asesinadas en 2024 por sus parejas o exparejas, la mitad de ellas de origen extranjero.

A este ritmo, las cifras de filicidios de 2024 duplicarán las registradas en años anteriores. Echando la vista a atrás, en 2019 hubo 22 (aunque el relato oficial solo reconoció cuatro); en 2021, un total de 17 menores fallecidos (el Gobierno solo contabilizó siete). Por tanto, los 53 casos de violencia reportados desde 2013 distan mucho de reflejar la verdadera magnitud del problema. La cifra real podría superar los 200 casos. Pero el relato, en esta desdichada realidad, se ha impuesto al dato.

«A las Administraciones y a los políticos no les interesa abordar con seriedad este tema, ni los asesinatos machistas de las mujeres. Hay medidas y personas que sabemos lo que hay que hacer, pero no quieren oírnos. Es un problema de desinterés y falta de voluntad», zanja Elena del Pilar Ramallo, que critica que se dilapida dinero en problemas que luego crecen por la falta de un buen diagnóstico.

La ministra Sira Rego solo condena los infanticidios cuando los comete el padre

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La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, acostumbra a condenar los infanticidios en la red social X, pero solo los cometidos por el padre. En lo que va de año, Rego únicamente ha lamentado los asesinatos de seis niños, obviando convenientemente los cometidos por la madre o por una persona ajena a la familia, que son los que no pueden ser atribuidos a la «violencia vicaria», que es la explicación que la mandataria de Sumar ofrece a cada filicidio paterno.

Este es un concepto inventado por la psicóloga argentina Sonia Vaccaro y asumido por el Gobierno durante la etapa de Irene Montero como ministra de Igualdad. Sostiene que detrás del filicidio paterno está la voluntad de dañar a la madre. Los expertos no lo comparten por ser unidireccional (del varón a la hembra), acientífico (reduce todos los casos a una única causa) y porque quita el foco de la verdadera víctima, el niño, para ponerlo sobre la mujer. No en vano, este año se han producido más de 20 filicidios, pero solo nueve han sido cometidos por el padre.

Todos los mensajes de la ministra Sira Rego condenando infanticidios en X.

En estos casos se ha fijado exclusivamente Sira Rego cuando ha condenado la violencia contra la infancia. Así lo hizo en sendos mensajes el 9 de enero, el 18 de marzo, el 4 de abril y el pasado 17 de agosto. Todos ellos incluían la etiqueta #ViolenciaVicaria, y en uno de ellos habló de «terrorismo machista» para referirse a un doble infanticidio. El último refería a un hombre que ha asesinado a su hija de 17 años y ha herido a su mujer tras dispararles en la localidad toledana de Otero.

Silencio selectivo

Por el contrario, jamás se ha pronunciado cuando la victimaria es la madre, y eso que ha habido casos terribles, como el que se produjo en Valencia de Don Juan (León) el 28 de mayo, cuando una joven de 18 años fue detenida después de que la Policía encontrara a su bebé muerto en el interior de un armario. Este había nacido el día anterior, pero la joven trató de desprenderse de él: acudió a un centro sanitario debido a que sufría una fuerte hemorragia y el médico que la atendió la vinculó con un parto, que la joven negó, por lo que él avisó a los agentes.

Pero hay más casos que son obviados por el Gobierno y la ministra. Entre ellos, el de la madre que asfixió a su bebé de ocho meses en Zaragoza el pasado 25 de febrero o el de la mujer que degolló tras nacer a su hijo en Gandía (Valencia). El más reciente, este pasado sábado, fue el descubrimiento por parte de un padre de su hijo muerto en el interior de una bolsa en su vivienda de Calviá (Mallorca).

El crimen de Mocejón

La ministra de Sumar ha vuelto a guardar un llamativo silencio con motivo del asesinato a puñaladas de un niño de 11 años en Mocejón, Toledo. El crimen, que ha conmocionado a España, no ha consternado a Sira Rego como sí lo hicieron otros infanticidios, y en esta ocasión ha tardado más de dos días en solidarizarse con la familia de Mateo, a la que ha querido transmitir públicamente sus «condolencias, solidaridad y respeto», así como «el reconocimiento a su serenidad».

https://twitter.com/sirarego/status/1825838238117839287

El mensaje le ha merecido las críticas de los usuarios de X, que le han reprochado la demora, atribuyéndola a la posibilidad de que el criminal fuese extranjero. Y es que hasta que no se ha conocido que era español, el Ejecutivo ha mantenido un prolongado silencio prudencial, que fue roto finalmente por el presidente Pedro Sánchez para loar la labor de los agentes de la Guardia Civil. Una prudencia llamativa si se tiene en cuenta la premura con la que los progresistas se han lanzado a condenar episodios de las llamadas violencia «machista» y/o «vicaria».

La juez resuelve que la muerte de un padre y sus dos hijos en Barcelona no fue violencia vicaria

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Una juez de Barcelona ha dictaminado que la muerte de un hombre y sus dos hijos en el barrio de Horta-Guinardó de Barcelona el pasado 8 de enero no fue violencia vicaria y archiva la investigación de los hechos, según ha explicado este viernes el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en un comunicado.

Los Mossos d’Esquadra abrieron una investigación tras el hallazgo de los tres cadáveres en un domicilio del barrio de Horta-Guinardó, después de que la madre de los hijos avisara a las autoridades por no tener noticias de su exmarido, que debía entregarle a los dos pequeños después de las fiestas navideñas y que tampoco han acudido aquel lunes al colegio.

Una de las hipótesis barajadas, además de la posibilidad de violencia vicaria (los hechos dieron lugar a manifestaciones de denuncia), era una muerte accidental por un escape de gas.

«En relación a la muerte de tres personas el pasado 8 de enero al barrio de Horta de Barcelona (un padre y sus dos hijos), la magistrada del Juzgado de Instrucción 26 de Barcelona encargada del caso dictó, el pasado mas de julio, el auto de archivo provisional», indican las citadas fuentes.

Según informa, tanto de la inspección llevada a cabo durante el levantamiento de cadáver, como de los informes de las autopsias y del resto de pruebas complementarias, «no resultan indicios de la comisión de delito».

Juana Rivas presenta una denuncia contra su exmarido por violencia vicaria internacional

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El equipo jurídico de Juana Rivas ha presentado una denuncia por violencia vicaria internacional contra su expareja, el italiano Francesco Arcuri, la primera de estas características que se examinará en España y en la que se relatan más de ocho años de maltrato.

La denuncia, de 22 páginas y a la que ha tenido acceso EFE, narra una serie de episodios de violencia contra esta vecina de Maracena (Granada) y sus dos hijos, uno aún menor de edad, y presenta a su expareja como un maltratador.

Según Aránguez Abogados, que representa a Juana Rivas, se trata de la primera denuncia por violencia de género vicaria internacional que examinarán los tribunales españoles y busca así que el debate sobre los ocho años previos de denuncias llegue al Tribunal Supremo.

Esta nueva denuncia se suma a las tres formalizadas desde el pasado diciembre y archivadas por los juzgados de Violencia sobre la Mujer 2 de Granada y Málaga y se produce mientras el menor de los hijos de Rivas y Arcuri continúa en España por las medidas cautelares aprobadas por un juzgado instructor en funciones de guardia.

Archivan la denuncia por violencia vicaria internacional de Juana Rivas a su exmarido

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El Juzgado de Violencia sobre la Mujer 1 de Granada ha archivado la denuncia por violencia vicaria internacional que presentó en enero Juana Rivas contra su exmarido, el italiano Francesco Arcuri, al interpretar que solo recopila hechos ya denunciados durante los últimos ocho años.

El auto del juzgado especializado en violencia machista, contra el que cabe recurso y al que ha tenido acceso EFE, ha acordado el archivo porque, «como resulta del propio contenido de la denuncia», todos los episodios relatados «se encuentran judicializados en distintos procedimientos penales», según recoge EFE.

La juez ha argumentado el archivo de la denuncia en que, más allá de la calificación como un delito de violencia vicaria internacional que defiende el equipo jurídicos de Juana Rivas, la denuncia no aporta ningún posible hecho delictivo nuevo.

El equipo jurídico de Juana Rivas presentó en enero la denuncia ahora archivada, un texto de 22 páginas que, según Aránguez Abogados, representa el primero de sus características que se formaliza en España. El letrado de Juana Rivas, Carlos Aránguez, ha explicado tras el auto de archivo que mantiene el objetivo de llegar al Tribunal Europeo de Derechos Humanos la denuncia para lograr que el delito de violencia vicaria internacional se reconozca como una «realidad jurídica» en los tribunales españoles.

Aránguez ha denunciado la falta de aplicación de la normativa que combate esta forma de violencia de género en España y ha adelantado que su equipo recurrirá el auto de archivo ante la Audiencia de Granada. El letrado de Juana Rivas ha lamentado que en España «no se asuma» de manera plena la violencia vicaria y ha defendido que Arcuri agrede a sus hijos, uno de ellos menor, para someter a la madre y hacerle la vida imposible.

Aránguez ha reconocido que con el archivo de esta denuncia comienza un «largo recorrido» de los recursos en las distintas instancias, un proceso que el equipo jurídico de Juana Rivas ha dicho que afronta para dar visibilidad a un «grave problema políticocriminal».

La denuncia por violencia vicaria internacional que firmaron Juana Rivas y su hijo mayor se sumó a las tres formalizadas desde diciembre y archivadas por los juzgados de Violencia sobre la Mujer 2 de Granada y Málaga. Se presentó mientras el menor de los hijos de Rivas y Arcuri continúa en España por las medidas cautelares aprobadas por un juzgado instructor en funciones de guardia y explica un «intenso recorrido judicial» que comenzó en 2016, cuando ella regresó a Maracena y denunció a su exmarido.

El menor de los dos hijos de la expareja continúa en España con su madre, pese a que la custodia la tiene Arcuri, mientras se espera que la Corte de Apelación de Cagliari dicte sentencia sobre la custodia del niño.

Por qué es una locura el nuevo Pacto de Estado contra la Violencia de Género

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Albert Einstein definió la locura como «hacer lo mismo una y otra vez y esperar un resultado diferente». Con arreglo a esta definición, podría decirse que el nuevo Pacto de Estado contra la Violencia de Género es, en puridad, una locura, pues en teoría pretende «erradicar» esta lacra renovando y ampliando el acuerdo alcanzado en 2017, que ha supuesto el despilfarro de millones de euros, ha discriminado aún más al varón, y ha empeorado la inseguridad que sufren las mujeres: las violaciones se han disparado y los (mal) llamados feminicidios se han mantenido en una dinámica estable.

Alrededor de 50 mujeres son asesinadas cada año, sin percibirse una tendencia a la baja (muy al contrario, en 2023 hubo un importante repunte, siendo 58), mientras que las agresiones sexuales con penetración han pasado de 2.136 en 2017 a 4.890 en 2023 (no hay datos oficiales de 2024, pero las estimaciones apuntan a un lamentable récord). Institucionalmente se insiste en que ahora «se denuncia más», lo cual es un disparate: somos una sociedad distinta con respecto a los años ochenta, pero no con respecto a cinco años atrás; no en la medida en la que las denuncias vayan camino de triplicarse en una década.

La otra explicación, que sería el mayor consumo de pornografía, es igualmente ridícula y ya ha sido ampliamente refutada en THE OBJECTIVE. De hecho, basta una pregunta para desmontarla: ¿se consume más porno en Cataluña (donde el número de agresiones sexuales con penetración por 100.000 habitantes es de 16,5) que en La Rioja (3,8)?

Los datos no mejoran porque, como algunos hemos denunciado con insistencia, el análisis es negligente. La llamada «violencia de género» presupone que el motor de todo crimen contra la mujer es el machismo, lo cual es nefasto desde el punto de vista lógico, y excluye de la ecuación factores como drogadicción, desempleo, abusos en la infancia, problemas mentales y, sobre todo, importación de culturas donde la mujer es considerada como un ser inferior al varón.

«A la locura de algunos se suma la voluntad de lucro de quienes han convertido un drama en un negocio, y que sacan tajada disparando contra un fantasma: el patriarcado»

La voluntad de omitir este último factor, a pesar de que los datos hablan por sí solos (los africanos cometen, en proporción, 5,6 veces más delitos sexuales que los españoles), conduce a pensar que a la locura de algunos se suma la voluntad de lucro de quienes han convertido un drama en un negocio, y que sacan tajada de disparar contra un fantasma: el patriarcado. No puede haber tantos locos.

En el próximo lustro, nuestras instituciones dilapidarán 1.500 millones de euros en políticas inútiles, cuando no directamente en memeces. El año pasado, la Alianza Contra el Borrado de las Mujeres detectó al menos 130 casos de supuesta malversación de fondos del Pacto de Estado contra la Violencia de Género: dinero que, en vez de ir a la (mala) prevención o a las víctimas, iba a carreras de tacones, pasos de peatones arcoíris, talleres de maquillaje, charlas LGTB, puntos violeta o bailes con vermú posterior. No es magia, son tus impuestos.

Para más inri, la renovación del Pacto incluye medidas sobre «violencia vicaria», otro concepto ideológico y acientífico, inventado por la psicóloga argentina Sonia Vaccaro, que sostiene que los hombres buscan hacer daño a las mujeres utilizando a sus hijos, y que jamás sucede a la inversa, a pesar de que la mayoría de filicidios los cometen las madres. Con arreglo a este análisis, el acuerdo contempla incluir como víctimas de violencia de género a «aquellos menores que son víctimas de violencia vicaria», es decir, a aquellos que hayan sido agredidos por el padre. Si te agrede la madre, aquí no importas.

«En cinco años volveremos a lamentarnos: la violencia contra la mujer habrá aumentado, así como la discriminación hacia los varones, y muchas personas se habrán lucrado gracias a convertir un drama en un negocio»

Más discriminación hacia el varón, más barbarie y más derecho penal de autor. En este sentido, la guinda al pastel es la inclusión de la «violencia económica», entendida de nuevo como una posibilidad unidireccional, y que supondrá que, en lo sucesivo, delitos como impago de pensiones, estafas, administración desleal o apropiación indebida tendrán una penalidad mayor si los comete un hombre.

Más diferencias legales entre hombre y mujer que se suman a las 509 que existen ya en España, muchas de las cuales provienen precisamente del pacto alcanzado por todos los partidos en 2017.

En definitiva, el nuevo Pacto de Estado contra la Violencia de Género supone más burocracia, más ideología, más gasto estatal en políticas fallidas, más invisibilización a las víctimas no aprovechables y más discriminación al varón. El negocio se mantiene por el interés de unos y el miedo de otros a que les llamen cosas feas en La Sexta. El simplismo y el bienquedar son cómodos, pero en cuestiones así cuestan vidas.

Dentro de cinco años volveremos a lamentarnos: la violencia contra la mujer habrá aumentado, así como la discriminación hacia los varones, y muchas personas se habrán lucrado gracias a convertir un drama en un negocio. Pero los malos (los negacionistas, machistas y fascistas) seremos, de nuevo, quienes tratamos de impedir todo aquello.


El Gobierno reconoce por primera vez que las madres matan a sus hijos tanto como los padres

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26 menores han sido asesinados por sus madres desde 2007, mientras que 24 padres han acabado con la vida de sus descendientes. En total, 50 filicidios acreditados por sentencia firme en los últimos 15 años en España. Así lo ha admitido por primera vez el Ministerio de Justicia que dirige Pilar Llop a pregunta de la senadora del Partido Popular Cristina Ayala. Los datos, que hasta ahora han sido sistemáticamente ocultados, chocan con el argumentario del Gobierno de coalición que mantiene PSOE y Unidas Podemos, que sostiene públicamente que este tipo de violencia procede sobre todo de los progenitores masculinos.

La cifra supone una novedad radical. Y es que el Ministerio de Igualdad, a través de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, contabiliza con precisión los crímenes cometidos por los padres contra sus hijos, pero se desentiende de éstos cuando son cometidos por mujeres. En este sentido, el año pasado resaltó que siete niños fueron asesinados a manos de sus padres en un informe en el que era imposible encontrar el dato relativo al otro sexo. No se encontraba.

Este silencio fue el que motivó a la senadora Cristina Ayala a solicitar al Gobierno, mediante una pregunta escrita a la que ha tenido acceso THE OBJECTIVE, el «número de progenitores que han asesinado a sus hijos en los últimos quince años», especificando cuántos han sido cometidos por mujeres y cuántos por varones.

«Tenía curiosidad por conocer los datos reales, porque cuando se habla de niños asesinados por uno de sus padres estamos acostumbrados a que se identifique al asesino exclusivamente con el progenitor masculino», relata la senadora popular a este medio. No remitió la cuestión a ningún tentáculo del Ejecutivo en concreto, esperando que el Ministerio aludido, el tesorero de esta información, despejara la incógnita. No hubo respuesta de la ministra de Igualdad, Irene Montero, paradójicamente.

Sí la obtuvo —la respuesta— por parte del Ministerio del Interior, que se limitó a defender que el Sistema Estadístico de Criminalidad «no dispone de variables estadísticas que puedan ofrecer respuesta específica a lo requerido en la presente iniciativa». Tres días más tarde, eso sí, llegó una reveladora tabla elaborada por el Ministerio de Justicia en la que se especifica «el número de condenados/as por sentencia firme por asesinato de hijo/a desde el año 2007 hasta la fecha (datos a 19 de mayo de 2022)». 50 filicidios. 24 cometidos por varones… y 26 por mujeres.

Este dato, que aún no ha sido facilitado a la opinión pública por parte del Gobierno, vendría a desmontar el discurso que asevera que la mayor parte de filicidios tienen que ver con la violencia vicaria, que es como se refiere la izquierda política y mediática a la violencia que ejerce un varón contra los allegados de una mujer para causarle el mayor dolor posible. Este análisis es criticado por muchos expertos que consideran que así se aleja el foco de quienes son las verdaderas víctimas del filicidio: los niños.

El término, cuyo único sustento científico es el haber sido preconizado por la psicóloga argentina Sonia Vaccaro, quiere ser incorporado por PSOE y Unidas Podemos en la Ley Integral de Violencia de Género. El concepto caló en el imaginario colectivo tras el caso de Olivia y Anna, las menores que desaparecieron en Tenerife en abril de 2021 después de que su padre dijera a su expareja que jamás volvería a verlas. Tras semanas de búsqueda, el cadáver de una de las pequeñas fue hallado en el fondo del océano. Un terrible crimen que, sin embargo, no sería la tónica general dentro de este tipo específico de violencia.

La senadora Cristina Ayala concluye, con los primeros datos oficiales ya en la mano, «que lo que habitualmente se llama ‘violencia vicaria’, se comete en número muy similar por hombres y mujeres. Y que, quizás, ‘filicidio por venganza’, sería un término mucho más ajustado a la realidad». Sea como fuere, estos números podrían ayudar a que «trascienda la realidad de que hay padres malos y madres malas que asesinan a sus hijos para vengarse de sus parejas», zanja.

Los indicios apuntalan la tesis de que el padre de Barcelona asesinó a sus hijos y se suicidó

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Las primeras investigaciones policiales apuntan a que el padre de los dos niños hallados muertos ayer por inhalación de gas en un piso de Barcelona decidió acabar con su vida y suicidarse cuando debería haberlos devuelto a su madre tras las fiestas navideñas, en lo que se perfila como un posible caso de violencia vicaria.

Esa es la principal hipótesis en la que trabajan los Mossos d’Esquadra, según fuentes de la policía catalana consultadas por EFE, que precisan que la investigación será clave determinar si el propósito del padre era hacer daño a la madre de los niños, de quien estaba separado, para confirmar si se trata de violencia vicaria. Según fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), no constan denuncias previas por violencia machista contra el hombre fallecido por parte de la madre de los dos menores, que tenían 7 y 10 años.

Los pequeños habían pasado con su padre parte de las vacaciones navideñas pero este no los llevó ayer al colegio ni los entregó a su madre, sin darle ningún tipo de explicación, por lo que la mujer presentó una denuncia ante los Mossos d’Esquadra hacia las cinco y media de la tarde.

Ante estos hechos, una comitiva de Mossos acudió al domicilio del hombre, situado en Passeig Universal de la capital catalana, en el distrito barcelonés de Horta-Guinardó, y activó al cuerpo de Bomberos de Barcelona, cuyos efectivos accedieron a su interior a través de una ventana. Una vez dentro del inmueble, que desprendía un fuerte olor a gas similar al monóxido de carbono, hallaron los tres cadáveres.

De acuerdo con las primeras investigaciones y la inspección llevada a cabo en el lugar del suceso, el padre de los niños dejó abierta una válvula para provocar la acumulación de gas que acabó con su vida y la de sus hijos por inhalación de monóxido de carbono, aunque se está a la espera de la autopsia para determinar con exactitud las causas de las muertes. El juzgado de Instrucción número 26 de Barcelona, en funciones de guardia de incidencias, se ha hecho cargo del caso, que está bajo secreto de actuaciones.

Hasta el lugar de los hechos se desplazaron cinco dotaciones de los Mossos d’Esquadra, entre ellas, los equipos de investigadores y la Policía Científica, para recoger el máximo de indicios que permitan esclarecer lo sucedido. Asimismo, al lugar de los hechos se desplazaron también cuatro unidades de apoyo avanzado y un equipo de psicólogos del Sistema de Emergencias Médicas (SEM), dos dotaciones de los Bomberos y dos de la Guardia Urbana.

De hecho, tanto la madre de los menores fallecidos como la abuela fueron trasladados a un centro sanitario debido a la fuerte conmoción que sufrieron a raíz del suceso. Las muertes de los dos niños han dejado consternados a los vecinos del inmueble, que los habían visto jugar a menudo en el patio, han explicado en declaraciones a EFE Televisión.

A ello se suma el temor de lo que podría haber pasado de haberse propagado el gas por el resto del inmueble: «cualquier chispa podría haber hecho saltar el edificio entero», apunta una de las vecinas de la finca. «El olor lo empezamos a notar cuando los bomberos entraron», explica Fina, una vecina del inmueble, y añade que «podrían haber ocurrido más desgracias en el edificio» por la concentración de gas en los bajos

Irene Montero y Yolanda Díaz aprovechan el Día del Padre para hablar de violencia vicaria

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La exministra de Igualdad Irene Montero y la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, no han hecho referencia al Día del Padre, que se celebra el 19 de marzo en España, en sus redes sociales. Sin embargo, en una publicación en la red social X (antes Twitter), se han acordado de algunos hombres para cargar contra «los maltratadores, la violencia vicaria y la justicia patriarcal».

«Un maltratador nunca es un buen padre. Por eso, la ley de infancia obliga a suspender el régimen de visitas ante el más mínimo indicio de maltrato. Los jueces tienen que cumplir la ley para salvar vidas. Basta de justicia patriarcal», ha escrito Montero, recibiendo las críticas de otros usuarios que la han acusado de «querer mostrarnos su presunta superioridad moral» incluso en la celebración del día dedicada a los padres.

«Desde 2013 ha habido 54 menores asesinados por violencia vicaria. Cada muerte es un fracaso social. No son casos aislados. Hay que hacer más. Un maltratador nunca puede ser un buen padre», ha tuiteado Díaz en su cuenta de X, sin referencias a los millones de padres que este martes celebran San José.

El caso al que ambas se han referido es al presunto asesinato de dos niñas de dos y cuatro años por su padre en un cortijo entre los municipios Alboloduy y Gérgal (Almería) en la noche de este pasado domingo. Las menores estaban con él en virtud del régimen de visitas acordado por un juez, mientras que el progenitor, que se suicidó posteriormente, estaba a la espera de juicio, señalado para el 10 de abril, acusado de malos tratos y de amenazas a la madre de las pequeñas.

El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha asegurado que, debido a los malos tratos, el juzgado había dictado orden de alejamiento respecto de su pareja y madre de las pequeñas de 500 metros y había ordenado la colocación de una pulsera de seguridad al presunto agresor «para evitar» el «contacto» con la mujer.

Críticas en redes sociales

El aluvión de críticas a Montero y Díaz no se ha hecho esperar. La filósofa y escritora Mariona Gúmpert ha acusado a la vicepresidenta de mentir por destacar que estos sucesos no son aislados: «En nueve años, 54 menores asesinados. Es muy bobo decir que no son casos aislados. DEP esos pobres niños».

https://twitter.com/MarionaGumpert/status/1770044931521802565

A Alberto Bonilla, secretario nacional de Comunicación de Ciudadanos, también le ha sorprendido el alegato de la Yolanda Díaz por el momento elegido para condenar el nuevo caso de violencia vicaria producido ayer lunes: «Ha considerado oportuno hoy, Día del Padre, señalar 54 asesinatos (condenables) de menores a manos de sus padres en vez de felicitar al 99,999999999% de buenos padres en España que cuidan de sus familias», ha concluido, destacando que algunos miembros del Gobierno no son capaces de estar un día sin colar su «mercancía podrida».

En Sumario de tarde: del reconocimiento de Palestina a Otegi y un asesinato de ETA en 1980

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Sánchez: «España está preparada para reconocer el Estado palestino»; Bildu ganaría las elecciones vascas con una ligera ventaja sobre el PNV, según el CIS; la Guardia Civil descubre que Otegi dio información a ETA para matar a un empresario; y un hombre mata presuntamente a su mujer e hijos y luego se suicida en El Prat de Llobregat.

Todo esto se lo contamos en una nueva edición de Sumario de tarde, el podcast diario de THE OBJECTIVE.

[¿Eres anunciante y quieres patrocinar este programa? Escríbenos a comercial@theobjective.com]

La prosa sin domesticar de Ariana Harwicz

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La escritura de Ariana Harwicz se asemeja a un potro salvaje, no hay camino o rienda que puedan doblegarla, se alza como una voz autónoma recién inventada para la ocasión que nace invadida por la rabia y una vitalidad que el resto entendemos como bestial. El mundo pasa a una velocidad de vértigo y, sin embargo, el lector asiduo de Harwicz comprobará que su prosa sigue sin domesticar en la última entrega, Perder el juicio (Anagrama, 2024), novela en la que seguimos las desventuras de una madre sin la custodia que secuestra a sus dos hijos después de incendiar el piso del exmarido. La escritora argentina afincada en la campiña francesa siempre ha elegido personajes en los límites, desde personas con trastornos mentales severos hasta pervertidos sexuales. Aquí el inicio de la narración nos puede remitir a Juana Ribas y otros casos de madres que cruzan la línea del delito. Y es que esa es la tesis con la que trabaja Harwicz, que todos estamos a un volantazo o mal giro de convertirnos en criminales.

Amor y violencia vicaria son sinónimos en la dura trama, sin matices; vivir día a día como madre es una lucha de expectativas propias y ajenas; la pasión está a un paso de la asfixia. Con todos estos elementos construye Harwicz algo parecido a una road movie, en la que sigue predominando el lenguaje propio que inventa pero que podemos verlo aplicado a una trama con mucha más acción que las novelas contenidas en Trilogía de la pasión (Anagrama, 2022), saga con la que se dio a conocer en nuestro idioma y en inglés, repleta también de mujeres cuyo deseo era pura destrucción.

Acudió a Barcelona para presentar su libro en la librería Lata Peinada y pudimos hablar un rato antes. Le pregunté si la idea de la novela nació mirando algún caso por la televisión, pero sin embargo la inspiración provino de la experiencia propia: «La idea nació de haber conocido empíricamente un largo juicio, una especie de intromisión en una vida judicial, que, como cualquiera puede saber si lo vivió, es como entrar en una secta, en un submundo, como una tribu, entras en otra lógica, incluso lingüística, de discurso. Al yo vivir una experiencia judicial en Francia como extranjera, y el personaje de la novela es extranjero, conocí los tribunales por dentro, las apelaciones, el léxico de los abogados. Así nació esta historia de guerra de un matrimonio».

Por supuesto resulta interesante saber cómo construye ese nuevo lenguaje a partir de la experiencia judicial: «A partir del lenguaje impostado de la justicia surge inventar la lengua de la novela. Fue difícil de escribir porque fue difícil no tomar partido por uno de los personajes, no caer en esta demagogia que detesto. Lo escribí como diálogo y después lo adapté a la forma que tiene de prosa. Lo más difícil fue no tomar partido y dejar a los dos personajes ir derribando cada vez sus límites morales. Para eso era necesario una lengua que saliera de los radares de lo convencional».

Añade sobre la moral convencional: «No es una novela muerta porque salta el cerco de las zonas domesticadas e indaga en zonas amorales. Fíjate en las cosas que le dicen: ella le agradece ser violada porque le ha permitido tener hijos, los dos hablan de deshacerse de los hijos y después dicen que es lo que más aman, están todo el tiempo yendo más allá de lo que la moral les propone, eso tiene que ver con la lengua».

La autora argentina actualmente vive en Francia, donde tuvo problemas con la justicia que inspiraron la novela. | Bénédicte Roscot

Escribir sin miedo

La cultura de la cancelación es otro gran tema contra el que ha escrito Harwicz. A continuación un modo externo y otro interno de hacerle frente: «El año pasado saqué un libro que me gusta mucho como quedó que se llama El ruido de una época. Es un libro que con aforismos y tweets trata nuestra época, como todos estamos amenazados de cancelación, de muerte social, y está novela no está por esa obsesión, se sitúa al borde del ruido de la época. Me preocupa convertirme en un soldado de mi época, de la manera más respetuosa posible trato de decir siempre lo que pienso, aún en territorios enemigos y hostiles».

Hace años Harwicz me dijo en una entrevista que para escribir hay que ser un paria, algo que ratifica años más tarde: «Para escribir lo más interesante es estar en una posición como ha estado Thomas Bernhard respecto a su país, Austria, como ha estado Kafka respecto a su lengua. Estar en una condición de desclasado, de paria, de algún modo marginal, para poder mirar las cosas sin miedo. Una mirada criminal, que se posicione por fuera de la barrera de la moral, ese estar fuera del juego es necesario para mi».

La maternidad es un tema literariamente en auge, sin embargo la madre que presenta en la novela no es ni divertida ni un modelo a seguir: «A ratos parece como si la palabra madre le fuera extranjera. Pareciera que ella busca una supramaternidad como si fuera algo a llegar, un ideal de llegar a ser lo que se es, es un poco lo que pasa en la vida, lo que pasa es que es un tabú. Te dicen sos madre pero puede haber un desfase entre la biología y los tiempos sociales. Esa mujer lucha por ser madre y la sociedad le hace creer que no está capacitada. Todas las identidades están puestas en un orden de falsedad, como si nadie pudiera cumplir el rol que debe cumplir».

Finalmente, a raíz del secuestro en su novela ambos comentamos que estos días se habla de violencia vicaria en los telediarios: «Hablar de la violencia vicaria explotó. Antes estaba más escondida, eran casos de familias borderline, y ahora toca casos de familias pretendidamente normales, con dinero, con buenas posiciones sociales, profesionales. Por ahí ves las fotos en redes vacacionando y tres días después los matan. Hablar de ello es un modo de iluminar la violencia de las relaciones parentales en nuestra sociedad, algo pasa, es un síntoma».

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La realidad de la violencia vicaria: las mujeres matan a sus hijos tanto como los hombres

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En España se han cometido 18 filicidios en lo que va de año, pero no hay rastro oficial porque el Gobierno sólo contabiliza siete. Once niños no han sido asesinados para la Delegación contra la Violencia de Género, que sólo contempla los filicidios cuando es el padre quien asesina a un hijo. Sin embargo, la realidad de la llamada «violencia vicaria» es mucho más compleja.

Este es un concepto inventado por la psicóloga argentina Sonia Vaccaro y asumido acríticamente por el Ministerio de Igualdad durante el mandato de Irene Montero. Los expertos no lo comparten por ser unidireccional (del padre a la madre), acientífico (reduce todos los casos a una única causa) y porque quita el foco de la verdadera víctima, el niño, para ponerlo sobre la mujer. Las madres, sin embargo, han perpetrado al menos siete de los filicidios cometidos en España en lo que va de año, según el recuento de la especialista Ana Sharife. Y otros cuatro casos están aún por esclarecer.

El Ministerio de Igualdad sólo contabiliza siete de los 18 filicidios cometidos en 2024.

El último filicidio de una madre se dio en Valencia de Don Juan (León) el 28 de mayo, día en el que una mujer joven de 18 años fue detenida después de que la Policía encontrara a su bebé muerto en el interior de un armario. Este habría nacido el día anterior, pero la joven trató de desprenderse de él: acudió a un centro sanitario debido a que sufría una fuerte hemorragia y el médico que la atendió la vinculó con un parto, que la joven negó, por lo que él avisó a los agentes. La muchacha ya ha ingresado en prisión, pero el bebé asesinado no figura en la estadística oficial de Igualdad.

Del mismo modo, hay más casos que no figuran en el relato oficial. Entre ellos, el de la madre que asfixió a su bebé de ocho meses en Zaragoza el pasado 25 de febrero o el de la mujer que degolló tras nacer a su hijo en Gandía (Valencia). Los padres de la joven de 22 años no estaban al tanto del embarazo, y se encontraron el cuerpo sin vida del neonato dentro de una bolsa de basura.

Todos estos episodios han sido recopilados por la periodista Ana Sharife, que ha tenido que hacer la labor que no hacen las administraciones, recorriendo periódicos de tirada nacional y local en busca de filicidios. Por su experiencia de años investigando estos casos, Sharife sostiene que «al menos en un 70%» de los filicidios la madre es la asesina. También alerta de cómo «las cifras se disparan en los últimos años», lo que evidencia un mal diagnóstico de este tipo de violencia.

El filicidio materno

La criminóloga Beatriz de Vicente recuerda, en este sentido, que «aunque en los últimos tiempos estamos igualados, históricamente el filicidio es cometido más por la madre que por el padre. Todas las investigaciones apuntan a ello». La experta se remite al Informe sobre el homicidio publicado por el Ministerio del Interior en 2018, que resalta (páginas 46-47) que «las mujeres matan mucho más que los hombres en el ámbito del hogar, a miembros de la familia. De hecho, la mayoría de víctimas (86,7%) de edad inferior a 18 años fueron asesinadas por mujeres».

De Vicente complementa estos datos puntualizando que «las mujeres copan prácticamente la totalidad de los neonaticidios (asesinatos del bebé en las 24 horas posteriores al parto), pero a partir de los dos años es más probable que el victimario sea el padre». Uno de los motivos es que «el bebé es un ser dependiente de la madre, sin ella no vive, y a quien más puede molestar es a ella».

«La violencia vicaria no tiene sexo: es matar a alguien querido por la otra parte con la única intención de herirla; es utilizar a una víctima instrumental, y una víctima instrumental puede ser también una abuela, una madre o una mascota», zanja Beatriz de Vicente, que aboga por emplear el término «filicidio por venganza».

La experta en violencia de género Elena del Pilar Ramallo, por otro lado, diferencia entre violencia por extensión, que «se produce por parte de cualquiera de los progenitores y es un maltrato específico cuyo instrumento de tormento y daño son los hijos», y violencia vicaria, que sería «la instrumentalización y maltrato sobre los hijos como un daño a sumar sobre la violencia global que ya está siendo ejercida sobre las madres». Es decir, esta última se entendería como una violencia derivada de la otra. La investigadora feminista defiende la tesis de que no siempre la violencia vicaria se puede estudiar dentro del contexto de la violencia de género.

Una lacra que crece

En total, 18 menores han perdido la vida a manos de sus progenitores por violencia intrafamiliar en lo que va de año, una cifra alarmantemente elevada y que no recibe la atención que, por ejemplo, sí se destina a la llamada violencia de género, a pesar de que cuantitativamente es menor: doce mujeres han sido asesinadas en 2024 por sus parejas o exparejas, la mitad de ellas de origen extranjero.

A este ritmo, las cifras de filicidios de 2024 duplicarán las registradas en años anteriores. Echando la vista a atrás, en 2019 hubo 22 (aunque el relato oficial solo reconoció cuatro); en 2021, un total de 17 menores fallecidos (el Gobierno solo contabilizó siete). Por tanto, los 53 casos de violencia reportados desde 2013 distan mucho de reflejar la verdadera magnitud del problema. La cifra real podría superar los 200 casos. Pero el relato, en esta desdichada realidad, se ha impuesto al dato.

«A las Administraciones y a los políticos no les interesa abordar con seriedad este tema, ni los asesinatos machistas de las mujeres. Hay medidas y personas que sabemos lo que hay que hacer, pero no quieren oírnos. Es un problema de desinterés y falta de voluntad», zanja Elena del Pilar Ramallo, que critica que se dilapida dinero en problemas que luego crecen por la falta de un buen diagnóstico.

La ministra Sira Rego solo condena los infanticidios cuando los comete el padre

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La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, acostumbra a condenar los infanticidios en la red social X, pero solo los cometidos por el padre. En lo que va de año, Rego únicamente ha lamentado los asesinatos de seis niños, obviando convenientemente los cometidos por la madre o por una persona ajena a la familia, que son los que no pueden ser atribuidos a la «violencia vicaria», que es la explicación que la mandataria de Sumar ofrece a cada filicidio paterno.

Este es un concepto inventado por la psicóloga argentina Sonia Vaccaro y asumido por el Gobierno durante la etapa de Irene Montero como ministra de Igualdad. Sostiene que detrás del filicidio paterno está la voluntad de dañar a la madre. Los expertos no lo comparten por ser unidireccional (del varón a la hembra), acientífico (reduce todos los casos a una única causa) y porque quita el foco de la verdadera víctima, el niño, para ponerlo sobre la mujer. No en vano, este año se han producido más de 20 filicidios, pero solo nueve han sido cometidos por el padre.

Todos los mensajes de la ministra Sira Rego condenando infanticidios en X.

En estos casos se ha fijado exclusivamente Sira Rego cuando ha condenado la violencia contra la infancia. Así lo hizo en sendos mensajes el 9 de enero, el 18 de marzo, el 4 de abril y el pasado 17 de agosto. Todos ellos incluían la etiqueta #ViolenciaVicaria, y en uno de ellos habló de «terrorismo machista» para referirse a un doble infanticidio. El último refería a un hombre que ha asesinado a su hija de 17 años y ha herido a su mujer tras dispararles en la localidad toledana de Otero.

Silencio selectivo

Por el contrario, jamás se ha pronunciado cuando la victimaria es la madre, y eso que ha habido casos terribles, como el que se produjo en Valencia de Don Juan (León) el 28 de mayo, cuando una joven de 18 años fue detenida después de que la Policía encontrara a su bebé muerto en el interior de un armario. Este había nacido el día anterior, pero la joven trató de desprenderse de él: acudió a un centro sanitario debido a que sufría una fuerte hemorragia y el médico que la atendió la vinculó con un parto, que la joven negó, por lo que él avisó a los agentes.

Pero hay más casos que son obviados por el Gobierno y la ministra. Entre ellos, el de la madre que asfixió a su bebé de ocho meses en Zaragoza el pasado 25 de febrero o el de la mujer que degolló tras nacer a su hijo en Gandía (Valencia). El más reciente, este pasado sábado, fue el descubrimiento por parte de un padre de su hijo muerto en el interior de una bolsa en su vivienda de Calviá (Mallorca).

El crimen de Mocejón

La ministra de Sumar ha vuelto a guardar un llamativo silencio con motivo del asesinato a puñaladas de un niño de 11 años en Mocejón, Toledo. El crimen, que ha conmocionado a España, no ha consternado a Sira Rego como sí lo hicieron otros infanticidios, y en esta ocasión ha tardado más de dos días en solidarizarse con la familia de Mateo, a la que ha querido transmitir públicamente sus «condolencias, solidaridad y respeto», así como «el reconocimiento a su serenidad».

https://twitter.com/sirarego/status/1825838238117839287

El mensaje le ha merecido las críticas de los usuarios de X, que le han reprochado la demora, atribuyéndola a la posibilidad de que el criminal fuese extranjero. Y es que hasta que no se ha conocido que era español, el Ejecutivo ha mantenido un prolongado silencio prudencial, que fue roto finalmente por el presidente Pedro Sánchez para loar la labor de los agentes de la Guardia Civil. Una prudencia llamativa si se tiene en cuenta la premura con la que los progresistas se han lanzado a condenar episodios de las llamadas violencia «machista» y/o «vicaria».


La juez resuelve que la muerte de un padre y sus dos hijos en Barcelona no fue violencia vicaria

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Una juez de Barcelona ha dictaminado que la muerte de un hombre y sus dos hijos en el barrio de Horta-Guinardó de Barcelona el pasado 8 de enero no fue violencia vicaria y archiva la investigación de los hechos, según ha explicado este viernes el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en un comunicado.

Los Mossos d’Esquadra abrieron una investigación tras el hallazgo de los tres cadáveres en un domicilio del barrio de Horta-Guinardó, después de que la madre de los hijos avisara a las autoridades por no tener noticias de su exmarido, que debía entregarle a los dos pequeños después de las fiestas navideñas y que tampoco han acudido aquel lunes al colegio.

Una de las hipótesis barajadas, además de la posibilidad de violencia vicaria (los hechos dieron lugar a manifestaciones de denuncia), era una muerte accidental por un escape de gas.

«En relación a la muerte de tres personas el pasado 8 de enero al barrio de Horta de Barcelona (un padre y sus dos hijos), la magistrada del Juzgado de Instrucción 26 de Barcelona encargada del caso dictó, el pasado mas de julio, el auto de archivo provisional», indican las citadas fuentes.

Según informa, tanto de la inspección llevada a cabo durante el levantamiento de cadáver, como de los informes de las autopsias y del resto de pruebas complementarias, «no resultan indicios de la comisión de delito».

El Gobierno solo cuenta el 26% de los filicidios de 2024: los cometidos por los padres

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En España se han cometido 35 infanticidios en 2024, pero el Gobierno sólo ha contabilizado nueve de esos casos. Para la Delegación contra la Violencia de Géneroque sólo contempla los filicidios paternos, los otros 26 niños no constan. Esto significa que el 74% de los niños asesinados en un entorno doméstico han sido despreciados por no englobarse dentro de lo que el Ejecutivo llama «violencia vicaria», entendiendo esta como «violencia de género».

Ese es un concepto inventado por la psicóloga argentina Sonia Vaccaro y asumido por el Ministerio de Igualdad durante el mandato de Irene Montero. El gabinete de Ana Redondo no ha cambiado esta posición, a pesar de que cada vez más expertos lo rechazan por ser unidireccional (del padre a la madre), acientífico (reduce todos los casos a una única causa) y porque quita el foco de la verdadera víctima, el niño, para ponerlo sobre la mujer. Esta -la mujer- ha cometido la mayoría de los filicidios de 2024 en España, según el cálculo de la asociación Anavid, que ha contado hasta 20 perpetrados por la madre. También habría algunos infanticidios cometidos por el abuelo o por la pareja de uno de los progenitores.

El Ministerio de Igualdad sólo contabiliza nueve de los 35 infanticidios cometidos en 2024.

El último filicidio materno confirmado se produjo el 21 de noviembre, cuando detuvieron a una mujer por asesinar a su bebé recién nacido, hallado sin vida en el interior de un inodoro en Mahón (Menorca). Ese mismo mes, el día nueve, tuvo lugar el penúltimo caso: una mujer mató a su hija haciéndola consumir pastillas hasta la sobredosis. La madre tenía antecedentes psiquiátricos. Ninguna de estas dos víctimas figura en la estadística oficial de Igualdad.

Así hasta veinte casos que no figuran en el relato oficial. Entre ellos, algunos tan llamativos como el de la madre que asfixió a su bebé de ocho meses en Zaragoza o el de la mujer que degolló tras nacer a su hijo en Gandía (Valencia). En este caso, los padres de la joven de 22 años no estaban al tanto del embarazo, y se encontraron el cuerpo sin vida del neonato dentro de una bolsa de basura. 

«Víctimas de segunda»

Estos episodios han sido recopilados por Anavid, que ha hecho la labor que no hacen las administraciones, ya que el Gobierno no tiene ninguna estadística global sobre los filicidios (ni siquiera en los ministerios del Interior o de Infancia y Juventud). Anavid lo ha logrado con información publicada en los periódicos sobre infanticidios cometidos en el entorno doméstico. «No les importan los niños, ni tampoco las mujeres, y mucho menos los hombres», considera Jesús Muñoz, portavoz de la asociación, que lamenta que «el 75% de las muertes de los niños no las han tenido en cuenta»: «De esos 35 niños, 21 son bebés, la mayoría encontrados en vertederos o cubos de basura como si fuesen desechos».

Anavid condena «cualquier tipo de violencia, independientemente de quién sea el agresor, ya que consideramos que todas las personas y vidas humanas valen lo mismo». Están en contra del concepto «violencia de género» y «violencia vicaria», a partir de los cuales el Gobierno sólo contabiliza los asesinatos de hombre a mujer y de padre a progenitor, dejando por el camino muchas víctimas. Igualdad solo ha contado 56 de los 136 asesinatos cometidos en el entorno doméstico en 2024.

«¿Por qué la muerte de una mujer importa si es asesinada por su marido o exmarido, pero no si es asesinada por su novia, hermano, compañero de piso?», se plantea Muñoz, que denuncia que «hay víctimas de primera y de segunda».

Filicidios maternos

El Gobierno, a pregunta de la senadora del Partido Popular Cristina Ayala, admitió en 2022 que las mujeres cometen más filicidios que los hombres. El Informe sobre el homicidio publicado por el Ministerio del Interior en 2018 resalta (páginas 46-47) que «las mujeres matan mucho más que los hombres en el ámbito del hogar, a miembros de la familia. De hecho, la mayoría de víctimas (86,7%) de edad inferior a 18 años fueron asesinadas por mujeres». El Ejecutivo, sin embargo, se resiste a abordar esta realidad porque no encaja en su relato.

Sobre el porqué de esta tendencia, hay pocas explicaciones. Dominique Bourget y Pierre Gagné, en un estudio realizado en 2012 sobre los homicidios de parejas sentimentales, concluyeron que las homicidas femeninas de su muestra no estaban deprimidas, y solo una quinta parte se hallaban bajo los efectos de sustancias tóxicas. Es decir, que no actuarían por enajenación. Sea como fuere, en lo que convienen criminólogos como Beatriz de Vicente, Juan Carlos Gutiérrez y Victoria Pascual es en abandonar el término «violencia vicaria» para emplear, en todo caso, «filicidio por venganza», ya que este puede ser cometido también por una mujer.

Juana Rivas presenta una denuncia contra su exmarido por violencia vicaria internacional

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El equipo jurídico de Juana Rivas ha presentado una denuncia por violencia vicaria internacional contra su expareja, el italiano Francesco Arcuri, la primera de estas características que se examinará en España y en la que se relatan más de ocho años de maltrato.

La denuncia, de 22 páginas y a la que ha tenido acceso EFE, narra una serie de episodios de violencia contra esta vecina de Maracena (Granada) y sus dos hijos, uno aún menor de edad, y presenta a su expareja como un maltratador.

Según Aránguez Abogados, que representa a Juana Rivas, se trata de la primera denuncia por violencia de género vicaria internacional que examinarán los tribunales españoles y busca así que el debate sobre los ocho años previos de denuncias llegue al Tribunal Supremo.

Esta nueva denuncia se suma a las tres formalizadas desde el pasado diciembre y archivadas por los juzgados de Violencia sobre la Mujer 2 de Granada y Málaga y se produce mientras el menor de los hijos de Rivas y Arcuri continúa en España por las medidas cautelares aprobadas por un juzgado instructor en funciones de guardia.

Por qué es una locura el nuevo Pacto de Estado contra la Violencia de Género

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Albert Einstein definió la locura como «hacer lo mismo una y otra vez y esperar un resultado diferente». Con arreglo a esta definición, podría decirse que el nuevo Pacto de Estado contra la Violencia de Género es, en puridad, una locura, pues en teoría pretende «erradicar» esta lacra renovando y ampliando el acuerdo alcanzado en 2017, que ha supuesto el despilfarro de millones de euros, ha discriminado aún más al varón, y ha empeorado la inseguridad que sufren las mujeres: las violaciones se han disparado y los (mal) llamados feminicidios se han mantenido en una dinámica estable.

Alrededor de 50 mujeres son asesinadas cada año, sin percibirse una tendencia a la baja (muy al contrario, en 2023 hubo un importante repunte, siendo 58), mientras que las agresiones sexuales con penetración han pasado de 2.136 en 2017 a 4.890 en 2023 (no hay datos oficiales de 2024, pero las estimaciones apuntan a un lamentable récord). Institucionalmente se insiste en que ahora «se denuncia más», lo cual es un disparate: somos una sociedad distinta con respecto a los años ochenta, pero no con respecto a cinco años atrás; no en la medida en la que las denuncias vayan camino de triplicarse en una década.

La otra explicación, que sería el mayor consumo de pornografía, es igualmente ridícula y ya ha sido ampliamente refutada en THE OBJECTIVE. De hecho, basta una pregunta para desmontarla: ¿se consume más porno en Cataluña (donde el número de agresiones sexuales con penetración por 100.000 habitantes es de 16,5) que en La Rioja (3,8)?

Los datos no mejoran porque, como algunos hemos denunciado con insistencia, el análisis es negligente. La llamada «violencia de género» presupone que el motor de todo crimen contra la mujer es el machismo, lo cual es nefasto desde el punto de vista lógico, y excluye de la ecuación factores como drogadicción, desempleo, abusos en la infancia, problemas mentales y, sobre todo, importación de culturas donde la mujer es considerada como un ser inferior al varón.

«A la locura de algunos se suma la voluntad de lucro de quienes han convertido un drama en un negocio, y que sacan tajada disparando contra un fantasma: el patriarcado»

La voluntad de omitir este último factor, a pesar de que los datos hablan por sí solos (los africanos cometen, en proporción, 5,6 veces más delitos sexuales que los españoles), conduce a pensar que a la locura de algunos se suma la voluntad de lucro de quienes han convertido un drama en un negocio, y que sacan tajada de disparar contra un fantasma: el patriarcado. No puede haber tantos locos.

En el próximo lustro, nuestras instituciones dilapidarán 1.500 millones de euros en políticas inútiles, cuando no directamente en memeces. El año pasado, la Alianza Contra el Borrado de las Mujeres detectó al menos 130 casos de supuesta malversación de fondos del Pacto de Estado contra la Violencia de Género: dinero que, en vez de ir a la (mala) prevención o a las víctimas, iba a carreras de tacones, pasos de peatones arcoíris, talleres de maquillaje, charlas LGTB, puntos violeta o bailes con vermú posterior. No es magia, son tus impuestos.

Para más inri, la renovación del Pacto incluye medidas sobre «violencia vicaria», otro concepto ideológico y acientífico, inventado por la psicóloga argentina Sonia Vaccaro, que sostiene que los hombres buscan hacer daño a las mujeres utilizando a sus hijos, y que jamás sucede a la inversa, a pesar de que la mayoría de filicidios los cometen las madres. Con arreglo a este análisis, el acuerdo contempla incluir como víctimas de violencia de género a «aquellos menores que son víctimas de violencia vicaria», es decir, a aquellos que hayan sido agredidos por el padre. Si te agrede la madre, aquí no importas.

«En cinco años volveremos a lamentarnos: la violencia contra la mujer habrá aumentado, así como la discriminación hacia los varones, y muchas personas se habrán lucrado gracias a convertir un drama en un negocio»

Más discriminación hacia el varón, más barbarie y más derecho penal de autor. En este sentido, la guinda al pastel es la inclusión de la «violencia económica», entendida de nuevo como una posibilidad unidireccional, y que supondrá que, en lo sucesivo, delitos como impago de pensiones, estafas, administración desleal o apropiación indebida tendrán una penalidad mayor si los comete un hombre.

Más diferencias legales entre hombre y mujer que se suman a las 509 que existen ya en España, muchas de las cuales provienen precisamente del pacto alcanzado por todos los partidos en 2017.

En definitiva, el nuevo Pacto de Estado contra la Violencia de Género supone más burocracia, más ideología, más gasto estatal en políticas fallidas, más invisibilización a las víctimas no aprovechables y más discriminación al varón. El negocio se mantiene por el interés de unos y el miedo de otros a que les llamen cosas feas en La Sexta. El simplismo y el bienquedar son cómodos, pero en cuestiones así cuestan vidas.

Dentro de cinco años volveremos a lamentarnos: la violencia contra la mujer habrá aumentado, así como la discriminación hacia los varones, y muchas personas se habrán lucrado gracias a convertir un drama en un negocio. Pero los malos (los negacionistas, machistas y fascistas) seremos, de nuevo, quienes tratamos de impedir todo aquello.

La Audiencia de Barcelona confirma el aval a Anagrama para publicar el libro sobre Bretón

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La sección cuarta de la Audiencia de Barcelona ha confirmado la desestimación de la medida cautelar solicitada por la Fiscalía consistente en la paralización de la publicación de un libro sobre José Bretón, condenado a 40 años de cárcel por matar a sus dos hijos en un caso de violencia vicaria.

El auto de la Audiencia, consultado por Europa Press, confirma la resolución del Juzgado de Primera Instancia 39 de Barcelona, en contra de la postura del ministerio público, que recurrió la desestimación de la medida cautelar. El pasado 27 de marzo, la editorial Anagrama anunció que suspendía ‘sine die’ la distribución del libro El odio de Luisgé Martín y expresó su «respeto absoluto» hacia la madre de los menores, Ruth Ortiz.

La finalidad concreta de la solicitud cautelar, explica el tribunal, no es garantizar la protección de derechos mientras se resuelve una demanda presentada y que se ha adoptado ya la decisión de presentar, sino la paralización de la publicación para decidir si se presenta la demanda.

La medida añade, no resulta ser «exclusivamente conducente a hacer posible la efectividad de la tutela judicial que pudiera otorgarse en una eventual sentencia estimatoria, de forma que no pueda verse impedida o dificultada por situaciones producidas durante el proceso correspondiente», lo cual presupone el seguimiento de un proceso civil.

Analizar la intromisión en el honor

La medida, solicitada con carácter previo a la presentación de una demanda y que no se puede recurrir «aparece desatada de la presentación de cualquier demanda, presente o futura, porque no se oculta por el solicitante que la solicitud se formula a fin de valorar y ponderar con el debido rigor la más que probable existencia de intromisión ilegítima que perjudique el honor, intimidad, y en su caso, propia imagen y reputación de los menores».

El tribunal considera que la solicitud «ha sido presentada previamente a la interposición de demanda, con base en la inminente publicación del libro, que estaba prevista para el pasado día 26 de marzo de 2025, y con la referida finalidad de estudiar si se presenta o no una demanda, de forma que la medida es solicitada sin venir anudada a ninguna demanda, presente o futura».

El tribunal considera comprensible la sensibilidad del Ministerio Fiscal, en sus palabras, dadas las circunstancias, al versar la cuestión sobre los derechos contemplados por el art.18.1 de la Constitución y en relación con menores. «No se puede ser ajeno a las circunstancias que rodean este incidente ni a la especial protección que merecen las víctimas, pero la legislación procesal civil no contiene mecanismos que permitan acceder a la petición formulada por el Ministerio Público de conformidad con los razonamientos expuestos», expone.

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